6.11.06

Siempre hay que mirar hacia arriba

Tokyo es una ciudad vertical no sólo por la altura de sus edificios, sino porque los locales están todos entre la planta baja y la última. Puedes ir buscando una peluquería por la calle y no encontrarla (en los locales que dan a la calle) y a lo mejor te has pasado 100 peluquerías entre las plantas 2 y 7 de los edificios de una manzana.

Hay que cambiar el chip y buscar las cosas hacia arriba. En las ventanas de los edificios hay carteles luminosos anunciando el negocio o servicio que da el local y si quieres acceder a ellos, se entra en un ascensor que hay en la planta baja junto a un índice de los locales que hay y la planta en que se encuentran.

Esto lo vimos por primera vez en el bar de tapas español (que estaba en una tercera planta) pero no reparamos de nuevo en ello hasta que volviendo al hotel vimos un cartel en mitad de la calle que anunciaba un bar de copas. Como no queríamos acabar el día tan pronto, pensamos tomar algo antes de irnos a dormir y miramos cerca del cartel en busca del bar, pero en el local comercial que daba a la calle sólo había un restaurante y una puerta de una vivienda. Por fin vimos que en el cartel (entre tanto jeroglífico de letras raras) ponía 8F y se nos encendió la bombilla pensando que estaría en la octava planta. Efectivamente la F era de floor. Dentro de una puerta muy pequeña que antes ni habíamos visto había un ascensor a las plantas del edificio. Entramos, pulsamos el 8 y al abrirse las puertas estábamos en un diminuto pero lujoso Pub de estilo americano y clientela japonesa. La de cosas interesantes que seguro que se nos habían pasado esa noche por no saber ese detalle.

Nos sentamos y el camarero nos da una carta en perfecto japonés. Entre risas, tuvimos que pedir las bebidas señalando lo que queríamos del mostrador que tenía detrás ya que nadie nos entendía. Resulta increíble pero en Japón es muy difícil hacerse entender en Inglés ya que no lo habla casi nadie (quitando los guías turísticos y la asistencia de los hoteles).

Al final yo me tomé mi Copa-Cola y Sara un cocktail de aún no sabemos qué.