6.11.06

Comienza el verdadero viaje: Shinjuku

Nos despertamos sobre las seis de la tarde. En Japón oscurece muy pronto (en esta época del año a las 5 de la tarde ya es noche cerrada) lo cual llega a confundir un poco. Así que al principio nos asustamos un poco al ver que en la calle no había ya luz. Después de ver que aún era pronto, decidimos gastar la "tarde" y la noche de nuestro primer día dando una vuelta por los alrededores.

Shinjuku, el barrio donde se encuentra el hotel es el más importante centro comercial y administrativo de Tokio. En él se encuentra su famosa estación de trenes, que es la más utilizada del mundo (un promedio de 3 millones de personas emplean la estación diariamente). Así que salir a pasear por sus calles seguro que iba a ser una experiencia.

Nada más salir del hotel, bajar la calle y girar una esquina, encontramos un paisaje muy distinto al que habíamos visto por la mañana al venir en el autobús: delante de nosotros veíamos a lo lejos una calle llena de luces que nos pedía a gritos ir hacia allí.

Aquí es donde empezaba el verdadero viaje. Nuestro encontronazo con la cultura japonesa comenzó con las maquinas de vending. Es increíble la cantidad de máquinas que encontramos en cada esquina con todo tipo de artículos (bebidas frías y calientes, comida, tabaco, revistas e incluso muñecos de series y películas de anime).


Seguimos un poco más adelante y ante nuestro asombro vemos un cartel que pone "España" en uno de los pisos de un edificio. Nos acercamos a ver que era y resultó ser un bar de tapas regentado por un español. Como el hambre empezaba a hacer estragos y aunque acabábamos de llegar, ya teníamos el sentimiento de gaijin (así llaman a los extranjeros aquí, gai es fuera y jin persona) entramos a saludar. ¡Nunca en la vida he disfrutado tanto unas patatas bravas escuchando música de Julio Iglesias!


Después de cenar seguimos visitando las calles del barrio alucinando con lo distintas que son las cosas aquí. Para empezar no hay papeleras (no es que haya pocas, es que no hay) y sin embargo el suelo está inmaculado, ni un papel, ni polvo, ni nada. Luego nos hemos enterado de que las quitaron por tema del terrorismo después de los atentados con gas sarín en el metro de Tokyo.

Después de andar un rato nos encontramos con otra de las cosas que aquí causan estragos: las salas recreativas. Entramos en un local con un cartel de luces enorme que decía "GAME" y nos encontramos un edificio de varias plantas con salas enormes repletas de máquinas de videojuegos que en España ni existen. Y por supuesto había que probarlas. Elegí una máquina de tenis (deporte muy practicado en Japón). Elegí a Rafa Nadal, me puse a los mandos... Y caí batido a los pocos minutos pero la experiencia fue genial. Luego Sara intentó ganar a un chico japonés en un juego de lucha y cayó en menos de un minuto, pero también con la sonrisa pegada en la cara.

Al salir del salón recreativo, encontramos una tienda de música, películas y videojuegos que cerraba a la una de la mañana (la cadena de tiendas Tsutaya que están por todo Tokyo). Aprovechamos para comprobar si es cierto que aquí todo esto está más barato y compramos unas cuantas cosas. Cuando salimos de allí ya era tarde, además los locales en Japón, a excepción de los sitios de comida y alguna otra excepción, cierran bastante pronto. Así que decidimos volver de vuelta al hotel haciendo fotos de cualquier cosa que nos resultara curiosa.